Firmas Invitadas - Edición Nº 426
Semana del 28/04/2010
La danza como aproximación cultural
Gabriela Ardiles
E
SCUCHO a los lejos una suave melodía me acerco y siento un escalofrío, no veo nada, poco a poco siento que va tomando textura. Distingo a lo lejos un sonido seco que se repite y casi puedo tararearlo , aun no veo nada , siento en mi cuerpo los vaivenes de alguien más que se acopla y grita...; no solloza sin decir ni una sola palabra, es como si siguiera al viento y aunque expresa mucho su melodía se ha vuelto casi una constante. Ahora distingo también los sonidos agudos, de alguien que acaba de llegar; se parecen a las risas de niños que aunque se repiten constantemente no dejan de llamar la atención de una forma tan hipnotizadora que casi se me olvidan los demás.
Por un momento perdí la noción del tiempo y del espacio. No veo nada porque tengo los ojos cerrados, ¡que sabio es el cuerpo!, la música solo se puede ver así. Me acerco un poco más, hipnotizada por lo que escucho y me armo de valor para abrir la puerta y descubrir los misterios que se ocultan del otro lado. ¿Cómo puede una puerta ocultar aquel mundo? Lo que encontré al abrirla me transporto a Oriente Medio, o a vivir “Las mil y una noches”. No podía dejar de ver aquellos movimientos que se fusionaban con la música y se burlaban de ella con movimientos inesperados y sincronizados a la vez.
La cultura puede ser transmitida o regalada de diferentes formas o con diferentes envolturas y la danza es una de las más llamativas y directas ya que nos une, nos fusiona, nos hace vivir otra realidad. Las danzas tradicionales de cada pueblo llevan consigo la historia de la humanidad; en cada movimiento podemos encontrar nuestras similitudes, diferencias e influencias. Cada melodía responde a diferentes variables tales como la historia de cada pueblo, sus reivindicaciones, sus esperanzas, sus sueños, sus amores, su carácter. Hay un mundo de expresiones detrás de cada “puerta”. Los diferentes matices de cada danza también hablan de sus gentes. Por ejemplo en Latinoamérica, en algunas danzas de la zona de los Andes, los movimientos son suaves pero aguerridos como su gente o como en el Caribe los movimientos vivos al ritmo de los tambores denotarán la alegría que los caracteriza. Se puede hablar también del Flamenco que nos aleccionará sobre la mujer entregada a la pasión, pero firme de decisión , así como pasa en las danzas estilizadas y sincronizadas de algunos lugares de Europa que probablemente hablen de reyes y princesas o en la gesticulación facial de los bailarines de danzas hindús se nos muestra la dulzura de su gente.
Mediante el aprendizaje de una danza se puede vivir la experiencia de formar parte de otra cultura; te integra y te hace ver y sentir otras realidades. Debería ser una tarea pendiente para aquel que quiere conocer otras culturas.
Desde la experiencia de la música y la danza dejé de verme como propia de un lugar y me convertí en conocedora del mundo.